PROGRAMA PARA EL VIERNES 16 Y SÁBADO 17 DE SEPTIEMBRE, A LAS 22 HORAS EN EL AUDITORIO, RECINTO DE FIESTAS DE PUENTE TOCINOS - MURCIAmartes, 13 de septiembre de 2011
XXXII CERTAMEN REGIONAL DE PARRANDAS
PROGRAMA PARA EL VIERNES 16 Y SÁBADO 17 DE SEPTIEMBRE, A LAS 22 HORAS EN EL AUDITORIO, RECINTO DE FIESTAS DE PUENTE TOCINOS - MURCIAdomingo, 11 de septiembre de 2011
EL TRAJE EN LA HISTORIA DE MURCIA
ENTRE LOS GRABADOS Y LA IMAGEN, CASI TRES SIGLOS
EN CADA ÉPOCA DE NUESTRA HISTORIA, COMO EN LA ACTUALIDAD, EL MURCIANO/A, HAN VESTIDO SEGÚN LA MODA, ES DIGNO Y DE GRAN VALOR TODA INVESTIGACIÓN DE CUALQUIER INDAGACIÓN DE NUESTRAS SEÑAS DE IDENTIDAD, ESTAS NO SE DEBEN PERDER, POR LO QUE DESDE ESTAS LINEAS DOY MI MAS EFUSIVA ENHORABUENA, A LOS INVESTIGADORES DE: EL TRAJE REGIONAL EN MURCIA Y SU ÁMBITO HISTÓRICO Y EN ESPECIAL A FRANCISCO JAVIER NICOLÁS FRUCTUOSO.
Si bien, como decía desde estas lineas, a las Peñas Huertanas y todo aquel, amante de nuestras tradiciones, seamos conscientes que para bien o para mal, el actual traje Regional de Murcia, lo llevamos luciendo más de 70 años. Simplemente que seamos correctos a la hora de comprar o confeccionar uno; no menospreciemos nada, que todos son típicos de Murcia, pero no mezclemos épocas. Tratemos el traje y las cosas de Murcia, con amor y respeto.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
CANDIDATAS INFANTILES 1982 A REINA DE LA HUERTA
COMO RECUERDO A MI BUEN AMIGO PEPE SERNA
PRESUPUESTO REAL DEL BANDO 1982, MAS LA PÓLVORA QUE PAGÓ APARTE LA CONCEJALÍA DE CULTURA
miércoles, 31 de agosto de 2011
XXXII CERTAMEN REGIONAL DE PARRANDAS
PROGRAMA CONMEMORATIVO DE LA FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DE LOS REMEDIOS, PATRONA DE LA PEÑA HUERTANA "LA CRILLA", Y XXXII CERTAMEN REGIONAL DE PARRANDAS
ESPERAMOS VUESTRA ASISTENCIA, UN CORDIAL SALUDO, A SIMPATIZANTES Y ASISTENTES
martes, 30 de agosto de 2011
NUESTRAS FIESTAS EN MARZO DE 1859
Hoja de prensa restaurada digitalmente en un 90%,
Núm. 317 19 DE MARZO DE 1859 AÑO II
LA PAZ
PERIÓDICO
DE NOTICIAS, AVISOS Y DE FOMENTO DE LA PROVINCIA DE MURCIA
CARNAVAL
Tras una gran borrasca viene la calma:
tras la alegría el llanto. Si, marcianos, lloremos a moco tendido, lloremos a
la que tantos ratos sabrosos nos ha proporcionado, a aquella a quien si Noé hubiera
conocido, para darle homenaje hubiera cultivado la vid aun dentro del arca; a
la que el mismo dios Baco rinde vasallaje; a aquella cuya esqueleto, olor ó
nombre tienen el mágico, poder de desocupar una bodega; lloremos, en fin reinos
a la Sardina.
¿Quién nos había de decir tres días antes,
cuando se hallaba esta Señora tan fresca y tan lozana, y cuando todos,
presididos por el príncipe Cabriolas, nos apresurábamos a festejarla que su
vida amenazaba peligro? Esto parece un sueño, mas no, no son sueños los recuerdos
que ha dejado en nuestros estómagos y en nuestros corazones, ¡No conocíamos
que las dulces aguas del Segura habían precisamente de acortar la vida de alta
salada Señora! Poca previsión he tenido, pues de lo contrario fácilmente
hubiéramos traído a esta (con el beneplácito de Neptuno) el ruar Negro aunque
se hubiese quedado en seco Sebastopol.
En tan sensible pérdida no nos resta más que
el consuelo de hacerle saber a su digna heredera, que se halla bajo la tutela
de Tetis y Neptuno, los festejos que se hicieron a su Mamaíta en su triunfante
entrada en esta ciudad, así como los auxilios que se la prodigaron en su enfermedad,
y las lágrimas, gritos, oyes, quejidos y pucheros que causó cuando corra el
aparato digno de tan heroica dama fue conducida a su última morada
La gente
de la huerta estaba apostada
al rededor de esta ciudad para que no se les escapase, entrara por donde quisiera;
y al fin vino a desembarcar el domingo a las diez de la mañana a la plaza de
San Agustín, desde donde fue acompañada a su alojamiento, que lo fue el palacio
del Casino, en la forma siguiente:
Rompía la marcha la banda del señor Córdoba disfrazada de huertanos, a la
que seguía una mascarada a caballo, en la que figuraban varías basureros y
otros caprichos.
Tras esta iba una muy ataviada carreta tirada por gente de cuatro
orejas, en la que se publicaba la fausta nueva de la llegada de tan noble
Señora.
Después iba la música del señor Mirete con igual disfraz que la anterior a la que seguía otra carretela tirarla
por cuer……
tes
que había en los a balcones, a
que flores y versos.
Detrás otra carroza tirada también por una misma familia
remendando un bodegón.
Le seguía inmediatamente otra berlina tirada por.... (Dios nos
libre) en la que un baile de boda.
A este segura un magnifico carro tirado por mulas figurando un
huerto con frutales, y bajo un naranjo una sartén monstruosa llena de sémola,
al rededor de la cual iban comiendo varios, y colgada en las ramas del
referido naranjo la madre de todas las jarras de cabida de unos tres cántaros
de agua. Por último cerraba la marcha una comparsa de huertanos en burros.
A la vez salió del Casino una comisión figurando un ayuntamiento
ridículamente disfrazado con trajes antiquísimos; los sombreros de copa tenían
dos dedos de ala y una vara de altos, las faldillas de los fraques concluían
en punta aguda en los talones, calzan corto, chalecos bordados a la antigua,
media y zapato con hebilla; al cuello llevaban unos pañuelos-tohallas y unos
cuellos en las camisas cuyas agudísimas puntas concluía en los ojos. Iba
precedido por la banda militar del señor Esbrí, y digiriéndose por la calle de
la Platería fue a la plaza de Sta. Catalina a recibir a la mascarada anterior,
desde donde reunidas se dirigieron ambas al Casino. Allí teman preparado un
magnifico y elegante refresco compuesto de lechugas, habas, y otras
delicadezas por el estilo. Concluido el refresco volvió el referido
ayuntamiento a despedir a la mascarada hasta el punto donde la recibió,
volviendo cada cual al punto de partida.
A poco de haberse alojado la memorable dama, empezó a sentir
cierto mal estar ya producido por la abundancia de perfumes, ya por el
cansancio ocasionado por la recepción de tantas visitas, ó ya, en fin (y esto
es lo más probable) por no probarle las aguas del Segura. Pasó la noche del
domingo muy intranquila y amaneció muy mala. Inmediatamente se mandó venir del
mar Cantábrico al médico Caramel, del Jonico al doctor Sargo, y del
Mediterráneo al licenciado Chirrete, y después de varias consultas, hacerles
sacar a la enferma mil veces la lengua, y pulsarla cuatro mil, acordaron una
sangría. La efectuó el maestro Tiburón y se le quedó entre las manos. ¡¡¡Fatal sangría!!! Sangría que nos arrebató a la más cara, la mas pero a qué
entristeceros más? Bastante habéis jeme cado.
En el acto se determinó publicar tan infausta noticia, y al efecto
el lunes salió a las once de su mañana del palacio mortuorio un bando en el que rompía la marcha la banda
del señor Esbrí, y después el secretario y pregonero a caballo escoltados por
un escuadran de Mayares y otro de Suizos, cerrando la comitiva otra banda
de música, y tanto esta como la anterior vestían traje de marineros.
Desde este momento se pintó la tristeza en el rostro de todos los
murcianos, excepto en el de algunos miles que para desechar el intenso dolor
que la muerte de la finada causaba en sus vientres, procuraban hacer ejercicio
loqueando por estas calles sin interrupción hasta el momento en que el martes
fueron a conducirle los restos de nuestra Heroína a la última morada. Entonces
fue cuando todos vinieron a conocer lo que valía la pérdida que experimentaban
y se agolparon en tropel al palacio de la finada a tomar cirios para acompañar
el fúnebre cortejo. Las casas de las calles que este había de recorrer se
iluminaron como por encanto y al fin salieron a las siete de la noche. Miles de
luces en dos disiparon las tinieblas y dejaron ver:
Los franqueado res precediendo a un estandarte blanco, emblema de
la inocencia de la finada, conducido por un guerrero a caballo, cuyo bruto
tenia los cascos al parecer sobre dorados, porque de oro tal vez no serían.
Seguían cuatro gigantes representando a Europa, Asia, África y
América.
Después se dejaba ver un magnífico carro adornado de pámpanos que
conducía al dios Baco, que sobre un tonel iba haciendo de las suyas.
Tras este seguía la falúa de sanidad sobre las olas de un mar
embravecido; en ella iban unos veinte marinos, capitán del puerto y médico.
Detrás marchaba otro carro de capricho.
Seguíale otro figurando un teatro, en el que con la música de un
violín y un redoblante iban parodiando la última escena de la ópera El
Trovador.
A este seguía, otro representando la Aurora.
Después venia otro con la alegoría del Destino movimiento, alegría
y vida por delante, y la muerte con su guadaña en una gruta a la espalda.
Seguía a este tirado por dos pares de bueyes, guano se velan un
magnífico bergantín con muchos marinos pescado sardina; eran sus dimensiones
tan colosales que por la estrechura de algunas calles tuvieron que arriar el
velamen para poder seguir.
En seguida marchaba el escuadran de caballería de Magyares.
Detrás, tirado por cuatro magnificas caballos negros sus
correspondientes penachos venia el hermoso carro de Vulcano, el que con su
fragua mágica y luces de colores, pólvora y demás entusiasmaba a los
espectadores; mies de cartuchos de dulces y ramilletes de flores naturales,
salían de entre las llamas a parar en los balcones coronados de hermosas jóvenes. Otra banda de música con traje de marineros iba inmediatamente detrás
tocando escogidas piezas, al compás de las cuales sonaban los martillos sobre el
yunque de la fragua de Vulcano
Marchaba en seguida la caballería de suizos, y tras esta la
comparsa de pajes y enanos, mandada esta por el enano de mando de Rejón, que
iba sobre un borrico,
llevando un morrión de gastador y una descomunal espada.
A estas seguían los gastadores armados de formidables útiles como
cucharas, trinchantes, parrillas, etc.
Detrás de estos seguía otro estandarte encarnado en el cual se
manifestaba ser presente el octavo aniversario que por la excelsa y
sabrosa Señora se tenia el disgusto de celebrar.
Necesario es, que aquí hagamos una Pausa y nos preparemos a
recibir el más bello ideal que darse puede. Tirado por ocho caballos cuya
blancura envidia hasta la misma nieve, enjaezados con hornachos y arreos
encarnados con sus correspondientes palafreneros, puestos de calzan corto
blanco, bota de montar, casaca encarnada y sombrero de tres picos guarnecidos
de blanco, e igualmente el postillón y tronquistas, avanza majestuoso el carro
que conduce el cuerpo de la inolvidable finada.
Desde el pescante, ó mejor dicha, los del trono que ocupan los
intrépidos e inteligentes tronquistas, principia a mecerle tranquilamente el
ancho mar, anal que se retratan cuantos objetos contribuyen a solemnizar el
entierro de su muy querida hija; de sus aguas nacen escarpadas rotas, por
entre las que se ven nadando varios delfines de tamaño natural, en la cumbre
de la más elevada se verá la diosa Tetis con una posición tan perfectamente
estudiada que completa, la ilusión
Tras este, y tirado por buenos briosos caballos con sus penachos,
marchaba una carrete de respeto, conduciendo a cuatro individuos del Casino
con traje de rigorosa ceremonia.
Seguía otra banda de música en igual traje que la anterior,
cerrando por último la fúnebre mascarada una grandiosa y lucida escolta de
caballería.
La celebridad que cada año obtiene esta mascarada hace que
nuestra capital se vea en estos días casi ó más concurrida que en los días de
feria, tanto que el tercer día vimos a las tres de la tarde, forasteros que no
encontraban donde alojase y aun después, llegaron las diligencias llenas. Con
todo, a pesar de este bullicio, no ha llegado a nuestra noticia, haya habido
desgracia alguna en los tres días de algazara,
También los bailes se han hallado concurridísimos, especialmente
el del Casino del tercer día, para el cual no bastaba ni aun con el patio que
al efecto se habilitó.
Concluimos dando nuestro parabién a las personas que, ya tomando
parte, ya dirigiendo, han llevado a cabo estas mascaradas por el buen éxito que
han obtenido todas, quedando por ello sumamente complacidos paisanos y
forasteros.
sábado, 27 de agosto de 2011
NUESTRAS FIESTAS DE ABRIL EN 1858
SI ALGO SABEMOS DE NUESTRAS FIESTAS CAPITALINAS, MUCHO MÁS IGNORAMOS.
LOS DOS PRIMCIPALES FESTEJOS DE NUESTRA CAPITAL, NACIERON JUNTOS Y EN BUENA ARMONIA, YA QUE LOS MISMOS ERAN UNO SOLO, CON LA DURACIÓN DE TRES DIAS.
Y TAMBIEN EN AQUELLAS FECHAS, LOS FORASTEROS QUE ACUDÍAN A LAS MISMAS, ENCONTRABAN DIFICULTADES DE ALOJAMIENTO.
SEA ESTA UNA RESEÑA, QUE SERÁ AMPLIADA
LA PAZ
PERIÓDICO DE NOTICIAS, AVISOS Y DE FOMENTO DE LA PROVINCIA DE MURCIA
CRITICA LITERARIA
Al hacer el juicio crítico del poema joco-serio que con el título de El Carnaval de Murcia en 1854 ha escrito el señor don Miguel Rubio Arróniz, no es la cordial amistad que a él me une la que gula mi humilde pluma. Durante la confección de estos mal trazados renglones, he prescindido de mis afecciones hacía el autor; he considerado como anónimo el poema, para que si mi corazón rechaza la severidad de mi conducta, mi conciencia me absuelva. Si al pronunciar, mi fallo, que de inapelable nada tiene, solo encuentro motivos de encomió, no buscaré defectos para hacer gala de una indulgencia que en mí supondría ridículas pretensiones.
En las seis primeras octavas que sirven de introducción al poema, pide al genio la inspiración en fluidos y armoniosos versos.
Dividido el poema en siete cantos, y con notable variedad métrica cuya circunstancia halaga mas el gusto de los que sin perder de vista la esencia jamás olvidan las formas que tanto influyen en la poesía, entra el señor Rubio Arróniz en el canto primero discurriendo acerca del origen del Carnaval que por desgracia se pierde en la espesa bruma de las edades. Después de manifestarnos el resultado de sus investigaciones, prueba que la sociedad es un perpetuo carnaval en la bellísima estrofa siguiente:
«Es el Mundo, a mi ver, un carnaval, En artes raros de engañar fecundo, Donde es lo cierto a la mentira igual, Y en la experiencia para tal me fundo: Todo el mundo engañando a cada cual, Y cada cual por engañar al mundo, La rueda marcha, el torbellino gira, Y todo es farsa vanidad, mentira»
El último verso por la amarga verdad que encierra me trae a la memoria el sagrado testo:
Vanitas vanitatum el omnia vanilas.
Elevándose a la altura de la filosofía nos hace ver el autor la mortífera lucha en que con nosotros mismos constantemente nos hallamos, y la necesidad de aspirar en el vertiginoso ambiente de esa época que precede a otra altamente ascética, los elementos que de embriaguez y de locura encierra, abriendo así un ligero paréntesis de placer en el largo testo de nuestras penalidades y miserias.
En el canto segundo nos muestra con tan excelente colorido el aspecto de la población entregada a las locuras del carnaval, que aun parece resonar en mis oídos la atiplada voz de las máscaras con la inmensa variedad de sus elegantes ó haraposos trajes, retratándose en mi imaginación, ora al fatuo señorón de feudales recuerdos cubierto de rica seda, ora la risible figura del que improvisa un disfraz con los mas groseros objetos que encuentra a la mano; ya el apuesto mancebo que viste el airoso ropaje de la bética tierra, ya la misteriosa beata con su austera cubierta, ya por fin la airosa gitana ó la seductora maja cuyas sediciosas formas provocan al más duro guarda-cantón de una esquina.
Después que hace la descripción que dejo indicada, inserta el bando que se publicó escrito en el dialecto de esta huerta y cuyo documento copiaría con gusto por su graciosa originalidad, sino fuera bastante conocido.
El canto tercero viene a ser, por su analogía, una continuación del anterior:
En el canto cuarto que se refiere al Segundo día de carnaval por la tarde, después de trazarnos en muy buenos versos las diversas escenas que tienen lugar con sus Amenos incidentes y extrañas peripecias, hace un interesante diálogo entre un mozo y una moza de la liberta, que por lo verosímil y por su castiza y característica dicción, merece leerse repetidas veces.
El señor Rubio Arróniz ocupase en el canto quinto, del bando que publicó el Casino en la mañana del tercer día para el entierro de la Sardina; describiéndonos los diversos personajes de su vistosa comitiva; haciendo especial mención del Ciudadano que fue objeto de la hilaridad de todos por su grotesco continente.
El canto sesto lo consagra exclusivamente a la tarde del citado día tercero, pero casi con abstracción completa de cuanto se refiere a las máscaras, sin anda por qué no hubiera hecho, sino repetir con ligeros variantes, las escenas de la tarde anterior, en lo cual debemos decir que ha estado sumamente atinado y reflexivo. En su lugar hace a grandes rasgos, en fáciles y armoniosas redondillas, el examen filosófico de nuestras pasiones, haciéndonos ver la marcha paralela que con nosotros siguen el placer y el dolor.
Torpemente embriagada nuestra alma con las vanas ilusiones que le proporcionan las mentidas delicias del carnaval, para lo cual hace por rechazar cuanto la abruma, dice el Sr: Rubio Arróniz con mucha exactitud:
«El mal y el dolor olvida: sólo el placer va a buscar, pues cree que solo a gozar está llamada la vida».
De la brillante mascarada conocida con el nombre de entierro de la Sardina, es objeto el séptimo y último canto a cuyo análisis renuncio por temor de confundir sus bellas tintas. Déjole por tanto in integrum y recomiendo su lectura, porque así y solo así, puede formarse la idea del fantástico y sorprendente cuadro que con minuciosa exactitud describe.
He examinado el poema a pesar de mi insuficiencia. Con la imparcialidad que me es propia, debo decir que su lectura ha excedido a mis fundadas esperanzas. En su género y con arreglo al asunto de que se ocupa, es digno hasta del más exigente censor. El señor Rubio Arróniz ha hecho una excelente mistura tristi-alegre ó joco-seria, ó lo que es lo mismo, ha sacado un gran partido moral del carnaval deduciendo con rigorosa lógica de las apariencias del hombre con antifaz, la realidad del hombre al descubierto; ha satisfecho cumplidamente el precepto de Horacio:
«Aut prodesse, volunt; aul delectare Poelce, Aul simul et jucunda et idonea dicere vital»
El poema no necesita, empero, de mi humilde recomendación; el poema se recomienda asimismo. Cuanto yo he dicho y más que hubiera podido decir en su elogio, no es sino el resultado de las gratas impresiones que hayan hecho en mi ánimo las bellezas de que abunda, y esto contando con las que necesariamente habrán pasado desapercibidas ante la pobreza de mi imaginación.
D. Espinosa.
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